Monday, November 17, 2008

De Caldera a Caldera

Hasta que por fin reciben noticias de nosotros, ya casi dos semanas sin reportarnos; por lo tanto, esta vez es un poco largo.
Ahora nos encontramos en el Lago de Coatepeque en El Salvador y muchas cosas han pasado desde nuestra estadía en el Lago de Atitlán. El segundo día allí conocimos a una familia Kaqchikel. Los niños, quienes observaron a Dieter volar el día anterior, nos invitaron a su casa en Buena Vista arriba del cerro.
Nos hubiera encantado ir a visitarles pero por varias razones decidimos comer todos en el sitio donde estábamos parqueados. Tuvimos una cena muy especial y al día siguiente nos costo trabajo decir adiós (y pensar que creíamos que ya se habían terminado las despedidas).
El viernes, fuimos a Antigua desde donde enviamos la ultima publicación. Antigua es un sitio turístico con calles angostas y empedradas y numerosas ruinas de iglesias coloniales destruidas por el terremoto del 1976.
Oficialmente, Antigua no tiene parques para casas rodantes pero leímos que la Policía de Turismo tiene un patio donde podríamos pasar la noche.
Después de pasar unas cuadras del aviso de bienvenidos al pueblo anterior a Antigua, y al enterarnos que ya estábamos en Antigua y era hora de trafico del viernes en la tarde, paramos en una estación de la Policía Civil para preguntarles sobre la Policía de Turismo. Ellos no solamente nos dieron instrucciones pero nos escoltaron hasta el patio. ¡Que bienvenida! Los oficiales nos recibieron con puertas abiertas, nos dijeron que el parqueo era gratis y hasta nos permitieron usar sus baños y duchas, al final terminamos quedándonos dos noches.
El domingo en la mañana, nos dirigimos a la Ciudad de Guatemala para volar con el Club ACME al sur de la ciudad. Siguiendo el mapa e información detallada proveída por Fernando Escobar, Secretario del Club, con quien hemos estado en contacto por correo electrónico y quien vino a visitarnos a Antigua la noche anterior. Aún más, Fernando nos permitió hacer uso del Internet y estacionarnos al frente del apartamento de su familia.
Solamente hubo un “problema.” Todos en ACME (especialmente Klaus Wagner, alemán que vive ahora en Guatemala) nos convencieron de ir a las ruinas de Tikal. Aunque yo quería ir, habíamos decidido no hacerlo por la manejada tan larga. En cierta forma, después de haber recorrido 8000 kilómetros que son 1200 y mas si son para ir a Tikal.
Entoncés, el lunes (hace una semana) nos despedimos de Fernando y su familia y salimos rumbo a Tikal. Llegamos hasta Rio Dulce a la orilla del Lago de Isabal donde pasamos la noche en Bruno’s Hotel, un hotel pequeño con espacio para casa rodantes pequeñas.
El martes llegamos a Tikal casi al medio día y pasamos la mayor parte de la tarde andando por la selva entre las ruinas. Tenemos que decirlo, ¡Es un y sitio espectacular! El pensar que hace 3000 años o tal vez mas, los Mayas construyeron esta impresionante ciudad de unos 16 kilómetros cuadrados.
Estábamos muy sudados y acalorados cuando regresamos al campea parqueado en el Hotel “Jungle Lodge” (recomendación de Klaus Wagner, muchas gracias). Mientras nos lavábamos oímos los gritos de un mono araña, vimos a una familia de pizotes con sus colas largas paradas y varios pavos acelados llenos de colores. Después, regresamos al parque para subir al Templo VI y ver por un lado la caída del sol y por el otro a la luna. Terminando con una caminata por los senderos entre las ruinas a la luz de la luna, una noche súper especial en la selva.
Miércoles, gracias al buen estado de las carreteras manejamos unos 500 kilómetros de Tikal al Comedor Diana Paola en el Puente Lucia Sazo de la Aldea Padre Miguel a unos kilómetros de la frontera con El Salvador. Aquí parqueamos, organizamos los papeles para el tramite del paso de la frontera, cominos un sabroso cerdo a la brasa y nos fuimos a dormir llenos y contentos.
El jueves, el paso de la frontera a El Salvador en Anguiatu tomo hora y media. Continuamos a Santa Ana donde Mario Álvarez nos estaba esperando en su oficina. Mario es uno de los cuatro pilotos de planeadores aquí en El Salvador. Mario es también el dueño de la casa del lago (donde nos encontramos ahora). La bajada de la caldera del lago fue corta, empinadísima y movidísima y todo porque Dieter no siguió las instrucciones de Mario apropiadamente.
Estamos agradecidos con Mario y familia por facilitarnos la casa del lago y a Leti y Chito, los encargados de la casa por su atención. Aprovechamos esta estadía para descansar, limpiar, poner al día con el blog, y contestar correos. El sábado fuimos a volar con los cuatro pilotos de ladera de El Salvador en los cerros de Santa Tecla. Hoy vamos a ir a la plantación de café de Mario y mañana estaremos saliendo para Honduras donde Emilio Canahuati y el Club de Aeromodelismo de Tegucigalpa están planeando el fin de semana para volar y acampar con nosotros. Si tenemos Internet allá ya nos reportaremos de nuevo.

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